Una planta in vitro vive en condiciones que no existen en ninguna parte: humedad relativa cercana a la saturación, azúcar disponible en el medio, luz baja, sin viento, sin patógenos. Sacarla de ahí directamente al campo la mata. La aclimatación es el puente, y es donde un laboratorio se distingue de otro.
Qué le pasa físicamente a la planta
Tres cosas, y las tres explican por qué el trasplante directo fracasa:
Los estomas no cierran. Dentro del frasco no hace falta regular la pérdida de agua, y los estomas se desarrollan con funcionamiento deficiente. Al salir, la planta transpira sin control y se deshidrata en horas.
La cutícula es delgada. La capa cerosa que impermeabiliza la hoja apenas se forma en humedad saturada. Sin ella, la hoja pierde agua por toda su superficie.
El metabolismo es heterótrofo. La planta ha estado consumiendo la sacarosa del medio en lugar de fabricar su propio azúcar. Su aparato fotosintético está subdesarrollado y tiene que activarse antes de que se acabe la reserva.
La aclimatación consiste en forzar esas tres transiciones de forma gradual: bajar humedad por etapas, subir luz por etapas, y no permitir que la planta tenga que hacer las tres cosas el mismo día.
Cómo se hace aquí
Salida del frasco con lavado del medio adherido —el azúcar residual en la base es una invitación a hongos—, trasplante a sustrato estéril de drenaje alto, y periodo bajo humedad controlada con reducción progresiva.
El indicador que importa no es cuántas plantas sobreviven la primera semana, sino cuántas siguen vivas y creciendo un mes después del trasplante definitivo. Es un número más incómodo y mucho más honesto.
Para quién es
Todo cliente que reciba plantas listas para campo. También se ofrece por separado a quien produzca in vitro y no tenga infraestructura de aclimatación.