Es el servicio base del laboratorio y el que sostiene a los otros tres. Consiste en tomar una porción muy pequeña de una planta seleccionada —un ápice, una yema axilar— y hacerla producir brotes de forma repetida en un medio nutritivo estéril, bajo temperatura, fotoperiodo y balance hormonal controlados.
Cómo funciona, en cinco etapas
El protocolo estándar de la disciplina, formulado por Murashige y refinado por Debergh y Maene, tiene cinco etapas y ninguna se puede saltar.
Etapa 0 — Preparación de la planta madre. Antes de cortar nada, la planta donante se acondiciona: se reduce su carga microbiana, se estimula brotación nueva y se elimina el estrés hídrico. Un explante tomado de una planta estresada se contamina o no responde, y el problema se descubre tres semanas después.
Etapa 1 — Establecimiento. Desinfección superficial del explante y siembra en medio estéril. Aquí se pierde material y es normal: la tasa de establecimiento depende de la especie y del estado sanitario de origen. Un laboratorio que promete 100 % de establecimiento en cualquier especie no está diciendo la verdad.
Etapa 2 — Multiplicación. Ciclos sucesivos de subcultivo en los que cada brote genera varios. Es la fase que da la escala: de un explante viable salen miles de plantas en meses.
Etapa 3 — Enraizamiento. Cambio de balance hormonal para inducir raíz funcional. En algunas especies se hace ex vitro, directamente en sustrato, lo que ahorra una etapa y da raíces mejor adaptadas.
Etapa 4 — Aclimatación. La etapa donde más plantas se pierden en los laboratorios que la subestiman. Tiene su propia página.
El límite que un laboratorio serio se pone a sí mismo
La multiplicación in vitro no es infinita. A medida que se acumulan subcultivos aumenta la probabilidad de variación somaclonal: cambios genéticos y epigenéticos que producen plantas fuera de tipo — enanismo, variegación, floración alterada, pérdida de la característica por la que se eligió el material.
El riesgo crece con el número de subcultivos y con el uso de citoquininas en concentraciones altas. Por eso la práctica establecida en la industria es fijar un número máximo de subcultivos por línea y volver a partir de material madre conservado, en lugar de estirar un ciclo indefinidamente porque sale más barato.
[VERIFICAR: aquí va tu número máximo de subcultivos por línea. Si aún no lo has fijado, fíjalo — es exactamente el tipo de dato que un comprador técnico pregunta, y tener una respuesta concreta te distingue de un vivero.]
Qué recibe el cliente
Plantas aclimatadas, enraizadas y listas para trasplante a campo o a vivero, con su ficha de lote: especie y variedad, origen del material madre, fecha de establecimiento, número de subcultivos, condiciones de cámara y resultado de las verificaciones sanitarias realizadas.
Esa ficha no es burocracia. Es lo que permite que, si algo sale mal en campo dos meses después, se pueda reconstruir qué pasó y en qué etapa.
Para quién es
Productores que necesitan volumen uniforme, viveros que quieren asegurar identidad varietal, y proyectos institucionales que exigen trazabilidad documentada por lote.